Ser y Sentir: un texto empírico acerca de los sentimientos.

A continuación propongo una teoría empírica en su totalidad acerca de lo que es un sentimiento y su relación con los sentidos humanos.

Al ser un texto que esta basado en su totalidad en un ejercicio de filosofía empírica y no se llega a mencionar a un autor en específico (me disculpo si atiendo a ideas de cualquier autor y de ser así, pido que se me haga saber), la veracidad del mismo es cuestionable. Siéntase libre de mentarme la madre si no os gustó.


 

Ser y Sentir: un texto empírico acerca de los sentimientos.

La cuestión es la siguiente: me siento triste. Desde hace aproximadamente mas de un año, la tristeza ha sido un sentimiento que se ha mantenido renuente en mi cuerpo.

No es algo así como un sentimiento que es pasajero y de una duración efímera: es todo lo contrario e inclusive algo superior.

En mi, la tristeza funciona como una especie de gasolina (o de combustible) que hecha a andar la maquinaria encargada de hacerme pensar, y por ende, de sentir. Lo que digo es que lo que inyecta sobre mi la tristeza es una especie de energía positiva que incentiva acciones en mi cabeza que se convierten en movimientos corporales y de la misma forma, se traduce en un desfile de recuerdos, ideas y pensamientos que no dejan de torturarme.

Esta malévola acción de mi mente hacia todo mi cuerpo esta acompañada de las percepciones que perciben (valga la redundancia) de mis otros sentidos: la vista es uno de los principales cómplices de mi mente, pues mis ojos son quienes graban el acontecer de mi vida, ya sea desde que me levanto todos los días viendo hacia el techo que cubre toda mi habitación así como el techo oscuro que alcanzo a distinguir cuando la oscuridad se posa sobre mi.

Mi nariz es el principal aliado del sentido del olfato. Es ella la que canaliza todos los aromas del mundo que alcanzo a percibir y los almacena cual archivo de una oficina de gobierno altamente burocratizada que no deja sin etiquetar el mas mínimo documento con tal de maximizar la eficacia de la institución. Menuda mentira.

El gusto, así como el olfato, tiene una función similar al anteriormente descrito: el tomar registro de todo lo que me llevo a la boca, así como el volumen, rigidez y estado de la materia que se atreve a pasar por la blanca y amarillenta muralla de 32 pilares que guardan al músculo mas fuerte que tiene el cuerpo humano. La lengua en sí, nos provee de la saliva, la cual es indispensable para 3 acciones básicas humanas: deglutir, hablar y saborear.

El tacto se distribuye a lo largo de toda mi piel, y podría afirmar que es el sentido mas grande que tenemos. Este cumple una doble tarea ante la mente: siente y hace sentir. Y si hablamos de sentir, la piel a través de distintos niveles de temperatura nos hace reaccionar ante cierto tipos de ambientes los cuales varían pero en particular podemos clasificarlos en ambientes hostiles y ambientes amigables. En este sentido, podemos encontrar otro tipo de ambiente, el cual es el de la incertidumbre en donde encontramos una percepción de la temperatura a nivel medio, ya que dependiendo del contexto externo al cuerpo, el camino que siga dicho ambiente determinara si nos encontramos en una situación hostil o en un territorio amigable.

Por último, nuestro sistema auditivo es quien se encarga de tomar registro sonoro de los sonidos que abundan en el ambiente. Este par de extensiones del cuerpo no discrimina puesto que de una manera inconsciente es capaz de percibir cualquier onda sonora que fluya en el ambiente y hacerse de ella. El único detalle en esta cualidad es que, al realizarse de manera inconsciente, la actividad se lleva a cabo pero es el nivel de concentración hacia la percepción de una onda sonora en específico lo que logra quedarse almacenada en la materia gris. Es por eso que a veces, cuando nos encontramos mas concentrados de lo debido, logramos hacernos de un recuerdo a través de la reiteración del sonido. Bonito detalle.

Es así como el conjunto de estos sentidos nos hace tener memorias de eventos pasados. Algunos de estos recuerdos se encuentran en nuestro disco duro de manera fragmentada: en ocasiones, tenemos el registro visual, pero la parte sonora esta distorsionada o solo somos capaces de ver la película sin audio. Por otro lado, podemos tener la seguridad de aun recordar la forma de un objeto que logramos tocar, pero podemos no visualizarlo o no podemos recordar su olor ni mucho menos su esencia. La mente es en realidad un gran almacén de recuerdos incompletos y cuando se tiene la seguridad de tener una memoria con seguridad, es posible que algún sentido falte pues un recuerdo completo es aquel que contiene en sus datos los cinco sentidos y la conforma como una unidad de pensamiento completa.

Pero, ¿por qué divagar acerca de los sentidos y los sentimientos? Sencillo: los recuerdos nos hacen sentir.

Y es que, un sentimiento es precisamente la reacción química ante la evocación de un recuerdo. Esto es de alguna forma la evocación de sentimientos a cada momento de nuestra vida. En realidad lo que sentimos en este momento no es más que el recuerdo de un sentimiento previo, pues si pienso en el contacto de tus labios con los míos, la sensación que se forma en mi es de tal nivel que mis demás sentidos se articulan de tal forma que me obligan a sentirme feliz y esta sensación tiene la cualidad de modificar nuestra percepción del mundo externo.

En conclusión, vivimos en un entorno que se logra sentir a través de los sentidos y debido a la naturaleza de la mente humana (que nadie ha logrado explicar) es que logramos sentirnos ante cualquier tipo de situación que la vida nos presenta.

Estar triste, feliz, enojado, melancólico, a disgusto o cualquier sentimiento que se crea conocer, no es más que la simple evocación de recuerdos que se mantienen renuentes en el carácter humano.

Lo anterior, demuestra de forma empírica que el sentir implica sentir, y ese sentir se realiza todo el tiempo, estando de manera consciente o inconsciente. En este sentido, estamos hablando de una capacidad que se ha estudiado a lo largo del tiempo, pero que al día de hoy, no se ha llegado a un tácito acuerdo acerca de los sentimientos y la percepción de ellos.

Y regresando a mis líneas iniciales, la tristeza en mi puede explicarse a lo que anteriormente he dicho, sin embargo, no logró ni yo mismo explicar mi estado de ánimo ni siquiera atendiendo a mi teoría.

En todo sentido, refuto a mi mismo mi teoría y llego a donde empecé: ¿qué diablos me ocurre?


Escrito realizado a partir de un estado de ánimo. Se advierte al lector que este texto es de naturaleza empírica, es decir, todo nace a partir de una reflexión personal a partir de una experiencia dada a partir de la noción de la existencia de una realidad.

Cualquier comentario, siéntase libre de hacerlo.

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